“Chalecos amarillos” buscan resurgir contra la desigualdad social

Redacción

NoticiasMX.- A un año de aparecer los “chalecos amarillos” en Francia, el movimiento civil intenta recobrar la fuerza de su convocatoria, motivada por demandas que escalaron hasta luchar contra la desigualdad salarial en un país del primer mundo donde la inconformidad social asomó la cara.

Los reclamos de las personas civiles salieron la luz en octubre de 2018 tras el anuncio de un impuesto ecológico a los combustibles, con pequeñas manifestaciones en zonas rurales francesas, hasta lograr una gran movilización nacional el 17 de noviembre de ese año, calculada en casi 300 mil manifestantes.

Las redes sociales jugaron un papel importante al difundirse videos de franceses molestos con el aumento a los combustibles, en un país donde las grandes distancias a las zonas industriales hacen indispensable que los trabajadores se trasladen en vehículos.

Entre los primeros franceses que manifestaron su inconformidad se reconoce al mecánico Ghislain Coutard, de 36 años, de Narbonne, en el sur de Francia, así como a la hipnoterapeuta y acordeonista Jacline Mouraud, de 51 años, del pueblo de Bohal, en el oeste, quienes publicaron videos en redes sociales que se volvieron virales.

 

 

Coutard llamó a la gente a expresar su descontento contra los impuestos a los combustibles con un chaleco amarillo que, explicó, lo portó sin reflexionar, porque lo utiliza en su trabajo. Su molestia, dijo, es porque todo sube de precio, sólo les alcanza para sobrevivir, y nadie sabe a dónde va ese dinero.

En el país galo es obligatorio llevar el chaleco amarillo fosforescente en los vehículos desde 2008, para casos de emergencia, por lo que todo conductor tiene uno en su auto y desde finales de 2018 se ha convertido en un símbolo de solidaridad que ha traspasado las fronteras.

Por su parte, Jacline Mouraud dijo estar harta de la persecución del automovilista en Francia, pero también refirió que en general los impuestos son excesivos en su país, que los han empobrecido porque el gobierno sólo está a favor de los ricos.

Ante las presiones por las marchas de los sábados, donde sucedían una serie de bloqueos en carreteras y gasolineras, violencia contra la policía antidisturbios, saqueos en oficinas públicas y propiedades privadas, pintas contra el presidente Emmanuel Macron en monumentos, como fue en el Arco del Triunfo, el gobierno francés cedió.

Éste anunció primero que suspendería la medida seis meses, pero un día después, el 5 de diciembre de 2018, canceló esos aumentos de 7,6 céntimos de euro más sobre el precio del litro de diésel y 3,9 de la gasolina, que afectaba sobre todo a la clase media empobrecida.

Suman demandas los “chalecos amarillos”

Pese a la eliminación de la medida de la ley de Presupuesto para 2019 de Francia, las manifestaciones continuaron porque las demandas se ampliaron contra los bajos salarios, la desigualdad social y contra las políticas del presidente Macron, de quien exigían su renuncia.

El movimiento civil marcó su distancia de los partidos políticos, pero se sumaron o infiltraron grupos radicales de derecha y de izquierda, de estudiantes que piden cambios en los procedimientos de ingreso a universidades e, inclusive, de ecologistas, entre otros diversos sectores.

Los “chalecos amarillos” (gilets jaunes), señalan en uno de sus sitios web que su movimiento es una iniciativa ciudadana que inicialmente desafió el aumento de los impuestos a los combustibles, pero “ha evolucionado rápidamente para exigir justicia fiscal inmediata y una profunda reforma democrática”.

A un año de iniciado el movimiento y aun cuando la mayoría de los manifestantes de los “chalecos amarillos” son pacíficos, cifras recientes del Ministerio de Justicia francés reportaron más de 10 mil detenidos por los disturbios y cerca de tres mil condenas, algunas entre prisión y trabajo comunitario.

Mientras que entre los lesionados se cuentan casi 30 por pérdida de ojos o manos, así como cinco muertos, no todos directamente relacionados con las movilizaciones. Los enfrentamientos llegaron a los Campos Elíseos, donde la policía antidisturbios respondió con gases lacrimógenos, cañones de agua, porras y pistolas de goma.

 

 

Según el presidente Macron, la revuelta amarilla le dejó lecciones para escuchar más a los ciudadanos, para reformar con ellos, aunque ahora se presenta un nuevo reto con las reformas a las pensiones.

A principios de este mes de noviembre, en sus protestas de los sábados, los miembros de los “chalecos amarillos” realizaron manifestaciones poco concurridas en París, con algunos cientos de personas que marcharon por la Place d’Italie y la Gare du Nord, gritando consignas contra Macron y la policía.

En otras ciudades francesas, como Burdeos, solo participaron entre 100 y 200 personas, así como en Toulouse y Rennes, donde sólo se produjeron algunos incidentes.

Mientras esto ocurría, en Montpellier se realizó los días 2 y 3 de noviembre su cuarta “Asamblea de Asambleas”, en la que analizaron el futuro del movimiento y la convocatoria a movilizarse este fin de semana del 17 de noviembre, para conmemoran el primer aniversario del movimiento.

En ese foro, también decidieron unirse a la jornada de huelga nacional convocada para el 5 de diciembre por algunos de los principales sindicatos de trabajadores de ese país, al que se sumarán transportistas y profesionistas, contra el proyecto de reforma a las pensiones.

Las dos fechas serán importantes porque se podrá ver si continúa en agonía o recobran fuerza los “chalecos amarillos”, un movimiento que ha permeado a otros países que protestan contra la desigualdad social.

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